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La industria española, lejos de cumplir con la UE

Los tiempos en qué políticos y gurús hablaban con un cierto desprecio de la industria y apostaban por el mundo digital como camino para crecer queden muy atrás. La crisis, con su enorme pérdida de ocupación en España, ha tenido consecuencias en este ámbito y nadie duda ya del peso primordial que debe tener este sector en la economía. Tanto es así que la misma Comisión Europea ha fijado un listón para los países miembros de la Unión Europea en este sentido: la industria tendría que significar el 20 % de la creación de riqueza.

Un estudio presentado esta semana por KPMG constata que España sigue lejos de lograr este objetivo. La industria representaba en 1995 el 19,8 % del PIB, cerca de los actuales objetivos europeos, pero desde entonces ha ido cayendo hasta el 15,6 % estimado del año 2013. El informe explica que “se trata de un camino totalmente inverso al que ha seguido el sector servicios, que ha aumentado en cinco puntos porcentuales su peso al PIB del 2008 al 2013”. El estudio afirma que el valor añadido sucio de la industria al Estado se ha mantenido por debajo del europeo, pero en cuanto al peso relativo de su actividad industrial, España ha conseguido ubicarse en el grupo de países que han experimentado una reducción igual o menor a la media comunitaria.

Con la intención de impulsar este sector, el gobierno español lanzó el verano del 2014 la Agenda para el fortalecimiento del sector industrial, con 97 actuaciones concretas. El ejecutivo mismo admitía que en este sector la ocupación está mejor retribuida y es más estable que en otros, lo que implica una inversión más elevada en investigación y desarrollo, que incrementa la competitividad y tiene un efecto multiplicador en la economía.

La asignatura pendiente de la energía

El estudio de la consultora, elaborado a partir de encuestas a un centenar de directivos del sector, sitúa como principal asignatura pendiente el coste de la energía. Así, el 61% de los encuestados sitúa la reducción de los costes que se derivan como un reto prioritario de cara a impulsar la competitividad industrial.

El informe señala tres vías para conseguirlo: el incremento de la eficiencia energética (especialmente urgente en las pymes), una optimización de los patrones de consumo de acuerdo con el nuevo marco regulatorio, y el abaratamiento de la energía, incrementando la interconexión con Europa y eliminando el peso de las cargas reguladas sobre la electricidad que no tienen que ver con el suministro (subvenciones a las renovables, sobrecostes de los sistemas extrapeninsulars, etcétera).

La segunda gran demanda tiene que ver con la inversión en investigación y desarrollo. El sector reconoce que el nivel en este campo es alto en universidades y centros tecnológicos pero que cae en las empresas. En este sentido, reclaman inversiones públicas para fomentar esta actividad. No es la única petición a las administraciones: un 80% de los encuestados afirma, además, que las medidas que ha impulsado el ejecutivo central son necesarias pero no suficientes y que tienen que ir acompañadas otras medidas para el desarrollo de la industria.

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